~ A buen entendedor pocas palabras~
Todo lo que termina, antes tuvo un comienzo, y el que ya acabó
hoy, comenzaba con algo así:
“En un lugar de la Mancha, de
cuyo nombre no quiero acordarme, vivía hace tiempo atrás un hidalgo caballero
[…]”
No sabe lo feliz que me hizo leer el final de esta novela, cuando después
de un mes completo en su compañía me abandonó el ingenioso hidalgo.
Fue hermoso terminar de “extinguir” sus letras en mis voz, cuando dejé
de divulgar en la noche, mientras leía, una
sensación incomoda siempre me perseguía, pensaba que alguien estaba tras mi
puerta y se reía al escuchar mis palabras, que en realidad pertenecían al caballero de la triste figura o a otro
personaje proveniente de la imaginación de Miguel de Cervantes.
No muchas sensaciones me dejó este libro. Sé que debo ser sincera… lo
único más importante, a pesar de que muchos me odien por lo que les redactaré,
es que el ejemplar del siglo de oro
español no me inspiró del todo.
Es raro… nunca se me hace difícil escribir acerca de algo, pero esta
vez fue diferente. Fue como que a la “mitad del camino” se me cortaran las
inspiraciones, como que hubiese pasado algo que se me haya hecho desalentar
durante este mes. Yo creo que fue la presencia de muchas historias (las que
están presentes en la obra) las que hicieron que me “perdiera” y con ello, llevarse mis ganas de escribir a mucha distancia, tal vez estén
en la Mancha o en el Toboso, no lo sé, sólo espero que regresen, puesto que me
hacen falta.
Rescato el final de la novela; fue lo que más me gusto, un momento de "lucidez" y sinceridad, aunque hubiese sido hermoso que nuestro hidalgo hubiese encontrado la correspondencia a su amor. Yo como Dulcinea real, lo hubiese aceptado, después de todo, era un buen hombre, ALONSO QUIJANA, EL BUENO.
Quisiera, de corazón que “Don Quijote de la Mancha” hubiese sido mi
placer culpable, pero lamentablemente no fue así. No sé cómo logró cautivar a algunas
de mis compañeras de clase; casi "enamoró"
a Gabriela (una compañera de salón) ya que por lo que declara, la locura de Don
Alonso Quijana, la dejó “loca”. Estoy segura que le hubiese gustado ser su señora doña Dulcinea.
Lo que es yo, espero que los
doce cuentos pelegrinos me devuelvan las ganas de volar…
Estoy segura de algo, sí don Quijote hubiese bailado, para mí sería el caballero ideal. Yo la señora doña Aldonza Lorenzo hubiese bailado una pieza contigo y tal vez tú final hubiese sido otro. Para ello, tú locura nos hubiese inspirado... y hubiese resultado algo así como un ¿bailemos?...
Don Quijote y yo en la más de las alejadas imaginaciones, bailando en el siglo XXI.
Bríndame esa calma que sólo me entrega la danza y has que desde tú imaginación vuelvan a mí, las palabras que me hurtaste.
Me encanta Camila ! me gustó mucho tu entrada :D
ResponderEliminarConcuerdo contigo Loqui, como eran tantas historias también se me enredaron y al rato de avanzar unas paginas olvidaba detalles de los anteriores :(. Una entrada muy liviana de leer y siempre con tu sello personal. Felicitaciones por la honestidad que expresaste :D
ResponderEliminarTe quiero mucho Loqui <3
jijij se nota quién verdaderamente leyó la entrada :cc jajaaj :LL ooww gracias a ambas, aunque mis palabras no puedan salir todavía D:
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